El negocio de una planta sube, y como hace falta espacio en la nave, deciden sacar fuera instalaciones y seguir creciendo por dentro.
Ya tú sabes.
Crecimiento tumoral.
Primero sacan los trafos, cortan el asfalto del recinto y meten un tubo de cemento enterrado, pero como suele pasar en estos casos, no queda tiempo para pensar.
El corte del asfalto impide que los camiones pasen y eso cuesta dinero.
Cuando echan el asfalto sobre los seis cables gordos suena el teléfono.
También hay que mover la planta de oxígeno que está pegada a la fachada.
¿Y ahora por dónde pasamos las tuberías para el oxígeno?
Pues por el mismo sitio.
Total, si es un tubito de nada.
Un mes de julio se descubre el error.
Sería por ratas, por corrosión o porque al arrastrar los cables para meterlos estos se dañaran, pero la línea de 6.000 Voltios cortocircuita.
El tubo del oxígeno, que también se arrastró para instalarlo había enriquecido la atmósfera del tubo con sus microfugas.
Y la mezcla generó el cañonazo.
BUUUUUUM.
Herencias como estas se pudieron detectar a tiempo durante Lo que estuvo en tu mano.
El tubo de gas al alcance de un golpe de cisterna.
El trabajador que curra junto a un calderín a 20 bar.
Las chispas del robot soldador que caen sobre su grupo hidráulico.
O el seccionador que alguien cortocircuitó por dentro en lugar de cambiarlo.
Cosas que son difíciles de ver.
Marrones a los que no puedes dedicar tiempo.
Aprendizajes de una planta que se llevan a otra.
Pero cosas que, si las detectas a tiempo, pasan de ser la sentencia de un juicio a una anécdota que contar en la máquina del café.
¿Tiene sentido esto para ti?
Si “heredaste” el puesto, debería.
Y por eso te insisto para que veas este vídeo:
Lo que estuvo en tu mano (2.475 euros)
PD: Mira el vídeo y si te interesa, contacta.